La educación sin límites

Unos días atrás comenzó el MOOC de Educación Expandida con nuevos medios ofrecido por el INTEF, y desde entonces se me han abierto nuevas expectativas educativas e interrogantes que espero dar respuesta. La curiosidad sobre conocer en detalle en qué consiste la educación expandida ha sido lo que me ha llevado a participar en esta experiencia. Siempre he sentido gran interés por los aprendizajes que se producen fuera del aula, pues éstos pueden ser una fuente de conocimiento no sólo para nuestro alumnado, sino también para mejorar nuestra práctica docente.

Como primera aproximación unas reflexiones que a continuación os comparto.

Como producto cultural, percibo  la docencia  como un lienzo sobre el que cada día ir pintando nuestras experiencias. Los docentes partimos con el lienzo en blanco, ansiosos por colorearlos y dibujarlos con las vivencias para que, al tiempo, termine siendo el recuerdo de nuestra vida profesional. Por eso, para mí cada día podría representarse así:

Chico delante de cuadros

Fuente: Fotolia

Lienzos, cuadros, cada uno diferente y personal a la vez. Todos implican experiencias educativas ricas sobre las que aprender. En ese sentido, la participación en este MOOC supone un nuevo trazo que pintar en mi lienzo particular.

Me refería anteriormente a que la curiosidad fue lo que me llevó a inscribirme porque, aunque en cierto modo entiendo el concepto de educación expandida, quería ampliar y argumentar más mi conocimiento sobre el tema. Por eso, con las primeras lecturas y píldoras audiovisuales ofrecidas en el MOOC, he podido tener una primera toma de contacto con teoría y artículos que poco a poco van configurando mi saber.

Mientras leía, venía a mi mente un artículo que leí hace unos meses y que guarda cierta relación con la educación expandida. Me refiero a ‘Makerspaces, techshops y fablabs‘ por Paola Guimerans; en él explica a qué se refieren cada uno de esos novedosos conceptos que, sobre todo en Europa central y Estados Unidos, parecen estar más asentados.

Planteaba el debate sobre la reutilización de las bibliotecas públicas como nuevos espacios de encuentro para la colaboración. Dado que, de unos años para acá la asistencia de público y de usuarios registrados en las bibliotecas ha descendido (muy a mi pesar) y que con la tecnología actual el acceso a material digitalizado y libre es cada vez más fácil, se pregunta Paola si se podría redefinir la función de las bibliotecas. Es por eso que los makerspaces, los techshops o los fablabs se van asentando en nuestras ciudades.

Leí también que en Países Bajos existían talleres de libre acceso y colaborativos (networking) para que pudieras acudir y se produjese una especie de “trueque” de conocimiento. Tú me arreglas la bici y yo te instalo un programa en tu portátil. Tan fácil como eso. Y ¿acaso eso no es educación? Allí, de repente, podías aprender cómo arreglar tu bici y en pago a ese trabajo tú enseñas al otro. Todos aprenden de todos, entre iguales.

Juan Freire, en este estupendo artículo lo ejemplifica también con el Campo de la Cebada en Madrid. O, me viene a la mente, el caso del también madrileño Patio Maravillas, un espacio autogestionado  por los ciudadanos que hasta hace poco ofrecía talleres formativos y asambleas políticas. O el DIY (Do It Yourself) que ahora tan de moda está y que viene a favorecer el aprendizaje más personal, aquél que con un videotutorial de YouTube, por ejemplo, puedes ser autodidacta y ¡aprender casi de todo con la red!. Todos ellos son “aulas” para la construcción colectiva del conocimiento.

En definitiva, la educación sucede en cualquier entorno, sin atender al reloj, sin límites. Cada vez de manera más amplia y masiva en parte gracias también a la accesibilidad que ofrece la red y las nuevas tecnologías. No obstante y a pesar de esos avances que sin duda suponen un progreso cualitativo importante, no debemos subestimar la figura del docente. Ante tanta información (la tan manida infoxicación) ¿cómo aprender a verla/leerla/escucharla críticamente? En esa tarea debemos involucrarnos para así adaptar nuestra enseñanza a los nuevos tiempos.

Para concluir, os comparto un poema (algo reivindicativo) de Juan Berbel sobre la bonita profesión del maestro:

Maestro
Vocación tempranera y siempre bien sentida,
esta de ser Maestro por amor entregado,
este ir alumbrando caminos por la vida,
ilusionadamente, de niños rodeado.
Poner alma de artista en la noble tarea,
con fuerza misionera y mano delicada;
saber irse quemando en aras de una idea,
saber seguir la estrella del bien entresoñada…
Sembrador sin pereza, poner en la besana
al par del rubio trigo semilla de amapolas;
estrenar alegría y fe cada mañana,
y en el trance difícil quedar con Dios a solas.

¡Nos leemos!

También en Twitter con  #EduExpandida

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